ALFRED HITCHCOCK: CINE Y MISOGINIA / Ese rubio objeto de deseo

ALFRED HITCHCOCK: CINE Y MISOGINIA / Ese rubio objeto de deseo

T/ Daniel Castelo I/ Ana Laura Pérez

Alfred Hitchcock, uno de los más grandes directores de cine, fue también un misógino. Y para comprobarlo basta con mirar sus películas. Vaya aquí, la peor faceta del genio. 
“Para lograr una buena trama debes torturar a las mujeres”.
Victorien Sardou

“El problema en la actualidad es que no torturamos lo suficiente a las mujeres”.
Alfred Hitchcock

Más allá de las palabras del gran dramaturgo francés del siglo XIX (Victorien Sardou) y de lo que significa la respuesta de nuestro cineasta contemporáneo, sigamos al deseo de éste y consideremos a The Lodger (1927), su primera película. Y digamos, entonces, que el título elegido para lo que fue su distribución española, El enemigo de las rubias, fue profético, cuando no icónico.
Así es como Hitchcock, una de las grandes cosas que le han sucedido a la historia del cine, es también símbolo del imaginario misógino enclavado en el núcleo duro del séptimo arte.
Como referencia obligada y paradigmática vayamos hasta 1963, cuando el director transitaba la última parte de su filmografía y presentaba uno de sus trabajos más populares: The Birds, aquel en el que la pobre Tippi Hedren sufría el ataque constante y feroz de los pájaros de California.
Don Alfred descubrió a la blonda (madre de la, por entonces, pequeña Melanie Griffith) en un aviso comercial y el enamoramiento fue inmediato, lo que originó que le ofreciera el protagónico en el film con la idea de transformarla en una de sus musas y, según confió a sus íntimos, en “la nueva Grace Kelly”. Sin embargo, la relación entre ambos estuvo viciada de dolor, siempre en perjuicio de la actriz.
El film incluye una escena memorable, imitada, homenajeada y hasta parodiada (esto último en la brillante High Anxiety, de Mel Brooks), que nos muestra a la protagonista escapando de las aves y escondiéndose en un cobertizo que, oh, tiene un agujero en la pared. La filmación de esos minutos de cinta llevó cuatro largas jornadas de rodaje, lo que supuso verdaderos tours de force para una novata que se vio encerrada junto a decenas de aves que la picotearon a gusto, pese a que se le había prometido que los pájaros no serían reales sino muñecos mecánicos.
Esto es, apenas, una muestra de lo que fue la relación de la actriz con su mentor, marcada por una actitud posesiva y que llegó a lo tragicómico a través de espías, encierros en camarines y hasta acoso sexual explícito, al grado de exigirle, según dichos de Hedren, sumisión sexual en el momento y en el lugar que él lo indicara.
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F/ Gentileza de Penguin Random House


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