AMATEURS / Miga de Pan


Adriana Torres estudió Arquitectura, Diseño Gráfico, Ilustración y Bellas Artes y empezó su carrera como Directora de arte. Pero después de varios años, algo le dijo que era tiempo de empezar un proyecto propio. Así nació Miga de pan.
"En 2010 empecé a vender los primeros muñecos que había empezado a crear entre 2008 y 2009 cuando nació mi hija. En 2011 participé en 100% Design London y ahí surgió el contacto con Seletti, la compañía italiana con quienes firmé mi primer contrato de licencia. Ese fue el gran empujón para el nacimiento de mi marca y de mi carrera".
Adriana explica el nombre aduciendo que lo eligió porque los muñecos son blanditos por dentro. Pero, luego confiesa que la razón principal es porque quería un nombre que no fuera pretencioso.
Su primera colaboración fue con la colección Bosque, una serie de asientos en forma de troncos tejidos a crochet. Ahora trabaja, paralelamente, en varios proyectos. Por ejemplo, está desarrollando un personaje para la marca Avent de Philips; una colección en cerámica (con una beca que ganó del Fondo Nacional de las Artes). Y siempre está bordando y preparando los talleres que dicta.
Cree que el valor de sus piezas radica en su búsqueda de hacer "algo personal". "Por eso estudié ilustración -explica-, porque quería diseñar mis propios personajes". Así mismo, asegura que su formación en Arquitectura propició la versatilidad en el manejo de diferentes materiales y la facilidad para pensar en volumen. "Además tengo una obsesión por los colores. Tanto, que tengo una paleta personal de colores". No los tiñe ella, sino la empresa donde compra el hilado. Con ellos desarrolla los colores que tiene en la cabeza y las combinaciones. "Diseños propios, colores únicos, calidad de la materia prima, obsesión por los detalles. Pienso que cuando alguien compra alguna de mis piezas está valorando mi carrera, el esfuerzo. Todo ese andamiaje también cuenta una historia. Y más allá del producto en sí mismo creo que logré un lenguaje propio que atraviesa y unifica todas mis colecciones".

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F/ Gentileza de Penguin Random House


Banda de sonido recomendada para leer esta nota: Brahms (Silvina amaba sus Liebeslieder Waltzes). También le gustaban: Bessie Smith, Tina Turner, Gardel, Piazzola, Schumann y Chopin (así que si quieren pueden ir mechando).



Confesó que se sentía “el etcétera de la familia”. Ocurre que era la menor de seis hermanas, Victoria Ocampo a la cabeza. Y así como la mayor fue todo lo que estaba bien, Silvina, que también encontró su lugar en la escritura, se ubicó en los márgenes, en el cuarto de planchado, arriba del cedro de su mansión de verano donde esperaba a los mendigos para darles leche con nata, siempre en la sombra. Pero aquí no vamos a poner a Silvina en ese lugar en el que la mayoría la pone: el de la pobre desplazada contra su voluntad, opacada por su hermana y su gran amor, Adolfo Bioy Casares, incluso también por su amigo Borges. Ocurre que ella se sentía cómoda en la sombra, “soy íntima”, decía. Se escondía de la gente tras sus icónicos anteojos de marco blanco y vidrio templado o se tapaba la cara paras las fotos. No le gustaban las entrevistas, las fiestas, los homenajes, no hacía relaciones para beneficiarse, más bien al contrario: era ella la que beneficiaba a los demás con su mirada, su humanidad y sus excentricidades. Construyó una obra tan genuina como ella misma, que te seduce, te atrapa y te lleva a ese lugar oscuro que tanto disfrutaba.

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