CUENTO: ASADO

CUENTO: ASADO

T/ Marina Yuszczuk I/ Sofía Noceti

 Llegué temprano, demasiado incluso. No había nadie más que la dueña de casa, enseguida le elogié el departamento y le pedí que me mostrara dónde estaba la parrilla. Nunca había hecho un asado pero esa vez, en la larguísima cadena de mails entre colegas mujeres que desembocó en una reunión de fin de año, me ofrecí para prender el fuego.
Más que ofrecerme, las engañé diciendo que yo sabía para que nadie se bajara del plan, tentadas a pedir delivery ante la ausencia de asadoras que nos convertía en un montón de inválidas: inaceptable. Así que di mi palabra, con la vaga esperanza de que algún video de YouTube me enseñara eso que parece un arte tan difícil: poner carbón, palitos, papeles de diario, darle mecha y esperar.
El monoambiente con un fondo enorme, mitad patio con macetas y mitad jardín con pasto, era lujoso para San Cristóbal. En una parte del patio tenía un espacio para hacer el asado bajo una enredadera, una mesada revestida en ladrillos refractarios sobre la que se ponían dos ladrillos sapo y una especie de enrejado de hierro.
Había dos bolsas de carbón, más que suficiente. Yo tenía puesta una blusa color crema espantosa que me compré porque en el probador me pareció que me quedaba bien, una cosa con volados. No me importaba manchármela y hasta esperaba ensuciarme para que me quedara marcado en la cara y en las manos, con trazos de carbón, el trajín y el sacrificio de pasar la noche junto al fuego, manipulando pinzas y brasas amenazadoras.
Otra persona más se había ofrecido en los mails para ayudar con el asado, un tal José. No sabía quién era, quizás el novio de alguna colega, pero esperaba tener todo listo antes de que llegara. Primero, porque no me gusta demasiado compartir el trabajo. Segundo, porque en algún resquicio al fondo de la mente me daba vergüenza la posibilidad de que mi instructivo de internet no sirviera para nada y el fuego fracasara enseguida.
En el video que había elegido, un tipo al que no se le veía la cabeza enrollaba unas hojas de diario, hacía conos que después convertía en especies de coronas y las acomodaba una encima de la otra. Después iba apilando pedazos de carbón alrededor, prolijamente hasta llegar a la cima, y metía un fósforo encendido por algún huequito en el costado de esa montaña. Corte. Treinta minutos después, todo era brasa grisácea que se deshacía sobre sí misma. Sólo hacía falta desparramarla un poco y ponerle la parrilla encima.

SIGUE EN LA REVISTA
 

contenidos relacionados

SILVINA OCAMPO: Buscar la sombra 2024 GF #20 (2018)

SILVINA OCAMPO: Buscar la sombra

T/ Guchy Fernandez
F/ Gentileza de Penguin Random House


Banda de sonido recomendada para leer esta nota: Brahms (Silvina amaba sus Liebeslieder Waltzes). También le gustaban: Bessie Smith, Tina Turner, Gardel, Piazzola, Schumann y Chopin (así que si quieren pueden ir mechando).



Confesó que se sentía “el etcétera de la familia”. Ocurre que era la menor de seis hermanas, Victoria Ocampo a la cabeza. Y así como la mayor fue todo lo que estaba bien, Silvina, que también encontró su lugar en la escritura, se ubicó en los márgenes, en el cuarto de planchado, arriba del cedro de su mansión de verano donde esperaba a los mendigos para darles leche con nata, siempre en la sombra. Pero aquí no vamos a poner a Silvina en ese lugar en el que la mayoría la pone: el de la pobre desplazada contra su voluntad, opacada por su hermana y su gran amor, Adolfo Bioy Casares, incluso también por su amigo Borges. Ocurre que ella se sentía cómoda en la sombra, “soy íntima”, decía. Se escondía de la gente tras sus icónicos anteojos de marco blanco y vidrio templado o se tapaba la cara paras las fotos. No le gustaban las entrevistas, las fiestas, los homenajes, no hacía relaciones para beneficiarse, más bien al contrario: era ella la que beneficiaba a los demás con su mirada, su humanidad y sus excentricidades. Construyó una obra tan genuina como ella misma, que te seduce, te atrapa y te lleva a ese lugar oscuro que tanto disfrutaba.

Seguir leyendo
PATTI SMITH: La señora punk 2024 GF#14 (2016)

PATTI SMITH: La señora punk

Conocida como “la madrina del punk”, esta poeta, cantante y artista norteamericana es uno de los pocos íconos de los años setenta que sobrevivió a aquel genial verano del amor para contárnoslo. La suya es la historia de una outsider, la chica de pueblo que quería ser artista y que a fuerza de una propuesta estética y conceptual inédita lo logró. Vaya aquí el intrincado camino que tuvo que recorrer. Hasta hoy. 
Seguir leyendo