ENTREVISTA: ANDY GOLDSTEIN

ENTREVISTA: ANDY GOLDSTEIN

T+F/ AGUSTINA FERNANDEZ

El fotógrafo de las metáforas


Su precoz interés en la fotografía y esa atracción que le generó durante toda su vida, incluso en épocas en las que portar una cámara en la Argentina era motivo de arresto, hicieron de él una gran fuente de saber. Generoso, lo comparte desde 1975 en la escuela de fotografía que lleva su nombre, creada a partir de un sistema de enseñanza basado en el juego y la creatividad.
 

El 20 de junio de 1973, Andy Goldstein había ido a Ezeiza a registrar la vuelta de Perón a la Argentina tras un exilio de 18 años, con un grupo de alumnos de un taller de fotografía que dictaba. Al principio, el clima era de fiesta, la gente llegaba en colectivos, con bombos y pancartas, y ellos -los amateurs, sus alumnos- estaban contentos también porque habían conseguido un lugar privilegiado para las tomas, justo en el palco donde hablaría el entonces líder político. Sin embargo, aquello que iba a ser una fiesta popular, de un momento para otro se convirtió en lo hoy que conocemos como "La masacre de Ezeiza".
"Se empezó a oír el silbido de los disparos -recuerda Andy, sentado en la mesa de su departamento de la Avenida Libertador, a 45 años de aquel episodio-. Y la salida se volvió una aventura peligrosa". Sus fotos de aquel día, publicadas recientemente en un hermoso libro titulado Andy Goldstein. Inventarios. Fotografías 1973-2012 (Edhasa), lo cuentan a su manera: los descamisados llegan en micros, el espíritu es de cancha; un hombre tiene una foto de Perón en su casco, hay fanatismo; otro retrato, la mirada de éste hombre dice sutilmente que algo anda mal; siguiente foto: gente trepada a los árboles, las caras de dos mujeres levemente inclinadas hacia la cámara, denotan inseguridad; foto final: ya es de noche, una ruta repleta de residuos y cinco personas perplejas, cuatro con cámaras en sus manos. Las obras de Andy Goldstein no nos cuentan qué pasó, pero sí que fue algo terrible.
Néstor García Canclini dice en el prólogo de Inventarios, que Goldstein "no es el reportero encargado de ilustrar la noticia. Es el interesado de las expectativas de los ciudadanos y que vuelve cuando todo pasó o no pasó para fotografiar los desechos, carteles que perdieron sentido y también a los fotógrafos nocturnos dedicados a lo que quedó de la decepción. En vez del acontecimiento espectacular, la preparación y los efectos".

(SIGUE EN LA REVISTA)
 

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F/ Gentileza de Penguin Random House


Banda de sonido recomendada para leer esta nota: Brahms (Silvina amaba sus Liebeslieder Waltzes). También le gustaban: Bessie Smith, Tina Turner, Gardel, Piazzola, Schumann y Chopin (así que si quieren pueden ir mechando).



Confesó que se sentía “el etcétera de la familia”. Ocurre que era la menor de seis hermanas, Victoria Ocampo a la cabeza. Y así como la mayor fue todo lo que estaba bien, Silvina, que también encontró su lugar en la escritura, se ubicó en los márgenes, en el cuarto de planchado, arriba del cedro de su mansión de verano donde esperaba a los mendigos para darles leche con nata, siempre en la sombra. Pero aquí no vamos a poner a Silvina en ese lugar en el que la mayoría la pone: el de la pobre desplazada contra su voluntad, opacada por su hermana y su gran amor, Adolfo Bioy Casares, incluso también por su amigo Borges. Ocurre que ella se sentía cómoda en la sombra, “soy íntima”, decía. Se escondía de la gente tras sus icónicos anteojos de marco blanco y vidrio templado o se tapaba la cara paras las fotos. No le gustaban las entrevistas, las fiestas, los homenajes, no hacía relaciones para beneficiarse, más bien al contrario: era ella la que beneficiaba a los demás con su mirada, su humanidad y sus excentricidades. Construyó una obra tan genuina como ella misma, que te seduce, te atrapa y te lleva a ese lugar oscuro que tanto disfrutaba.

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